Teniendo en cuenta...
Estambul no perdona a los tibios. Turquía sale a jugar con una mochila pesada: necesita demostrarle a su gente que el fútbol es más que un circo de dirigentes bajo sospecha y el recuerdo trágico de aquel tropiezo ante España. Tienen que validar su identidad. Enfrente, Rumania busca redención tras purgar penas a puertas cerradas y tropezones que agriaron su regreso a la élite. Necesitan probar que su oficio sobrevive al ruido ajeno. Será el choque de dos urgencias distintas. La tormenta turca, siempre negociada entre el fervor y el talento de sus referentes, frente al andamiaje rumano, un equipo que levanta paredes desde la pelota parada. Es a partido único. El que pierde, arma las valijas.