¿Qué le duele?
España: situación actual y noticias de la selección Vértigo en la Cancha, Rosca en los Escritorios
En España, haber levantado la Eurocopa y acumular una racha de invictos escandalosa debería ser motivo de carnaval en cada esquina. Sin embargo, las tribunas a veces muestran huecos y el ruido más fuerte no baja de la grada, sino de las oficinas. La Federación y la Liga parecen atrapadas en una disputa de consorcio eterna, peleando a los gritos por ver quién exprime más los minutos de las joyas jóvenes de la selección.
Luis de la Fuente, ajeno a ese conventillo, montó una estructura que funciona como reloj. Archivó la posesión anestésica de otros tiempos para darle paso a latigazos verticales. Su equipo ya no toca la pelota para dormir el partido; usa extremos puros, pegados a la cal, para ensanchar la cancha y un nueve que pivotea rápido para descargar.
El gran tema de esta España modelo 2026 es que su motor depende de dos piezas que el calendario está moliendo. Rodri es la brújula total: no solo marca el tempo, sino que decide a qué altura se para el equipo con un solo gesto. Unos metros más adelante, Dani Olmo es el que se mete en el barro para romper los bloques cerrados. Si la acumulación de partidos rompe a alguno de los dos, el sistema entero empieza a renguear y pierden esa capacidad de asfixiar al rival.
El hincha de a pie mira de reojo. Hay orgullo por cómo juegan, sí, pero también ese miedo latente a que la política y el desgaste físico dejen a las figuras en el camino. Para cuidar el rancho, el técnico puso límites de minutos y armó una defensa que se cierra bajo los gritos de Unai Simón. En Norteamérica vamos a ver a una selección que sigue tratando a la pelota con guante de seda, pero que aprendió a sacar el facón rápido. El desafío real será llegar enteros, esquivando las propias trampas de su burocracia.
Luis de la Fuente, ajeno a ese conventillo, montó una estructura que funciona como reloj. Archivó la posesión anestésica de otros tiempos para darle paso a latigazos verticales. Su equipo ya no toca la pelota para dormir el partido; usa extremos puros, pegados a la cal, para ensanchar la cancha y un nueve que pivotea rápido para descargar.
El gran tema de esta España modelo 2026 es que su motor depende de dos piezas que el calendario está moliendo. Rodri es la brújula total: no solo marca el tempo, sino que decide a qué altura se para el equipo con un solo gesto. Unos metros más adelante, Dani Olmo es el que se mete en el barro para romper los bloques cerrados. Si la acumulación de partidos rompe a alguno de los dos, el sistema entero empieza a renguear y pierden esa capacidad de asfixiar al rival.
El hincha de a pie mira de reojo. Hay orgullo por cómo juegan, sí, pero también ese miedo latente a que la política y el desgaste físico dejen a las figuras en el camino. Para cuidar el rancho, el técnico puso límites de minutos y armó una defensa que se cierra bajo los gritos de Unai Simón. En Norteamérica vamos a ver a una selección que sigue tratando a la pelota con guante de seda, pero que aprendió a sacar el facón rápido. El desafío real será llegar enteros, esquivando las propias trampas de su burocracia.