¿Qué le duele?
Bolivia: situación actual y noticias de la selección El Equipaje Para Bajar De La Montaña
Un mes en la vida del fútbol boliviano alcanza para experimentar todos los extremos térmicos y emocionales. En diciembre asfixiaron a Brasil a más de cuatro mil metros de altura y, apenas unos días después, se desintegraron contra Argentina en la llanura. En los mercados de La Paz todavía se festeja aquella victoria histórica sobre los brasileños, con las pantallas de los puestos repitiendo el gol una y otra vez, pero el público mira el calendario con una mueca de desconfianza.
El boleto al Mundial 2026 exige cruzar el repechaje de marzo en México. Fuera de su geografía habitual, el equipo suele perder la memoria táctica y la resistencia en las piernas. La fluidez de los pases recae casi exclusivamente en los botines de Ramiro Vaca. Cuando un mediocampista rival logra rodearlo y cortarle las líneas de descarga, la estructura andina se apaga. Los defensores quedan corriendo desesperados hacia su propio arco mientras los delanteros rivales atacan a campo abierto.
Para evitar ese naufragio recurrente, Óscar Villegas decidió intervenir de raíz. Dejó afuera de la convocatoria al histórico nueve de área, ignoró las críticas mediáticas por la falta de referentes clásicos y se llevó al plantel a un microciclo de entrenamiento en Monterrey. Busca fabricar un estilo de juego que no dependa del oxígeno. Al jugar sin un delantero centro estático, la salida limpia desde el fondo depende de la lectura de Carlos Lampe bajo los tres palos y del empuje físico de Luis Haquín para ganar los rebotes.
Sobre esa base, Roberto Carlos Fernández tiene la orden de taladrar la banda izquierda mediante piques constantes para ensanchar la cancha y ofrecerle un pase seguro a Vaca.
La dirigencia blindó la logística de los viajes para evitar los clásicos enredos de escritorio y las demoras en los aeropuertos. El público aguarda con recelo para comprobar si este bloque joven puede sostener la intensidad lejos de su cordillera. Quienes los enfrenten en la máxima cita se toparán con un plantel que ya no quiere sobrevivir colgado del travesaño. Verán a once jugadores dispuestos a morder en bloque, cuidar la posesión en espacios reducidos y demostrar que conservan la lucidez táctica cuando bajan al nivel del mar.
El boleto al Mundial 2026 exige cruzar el repechaje de marzo en México. Fuera de su geografía habitual, el equipo suele perder la memoria táctica y la resistencia en las piernas. La fluidez de los pases recae casi exclusivamente en los botines de Ramiro Vaca. Cuando un mediocampista rival logra rodearlo y cortarle las líneas de descarga, la estructura andina se apaga. Los defensores quedan corriendo desesperados hacia su propio arco mientras los delanteros rivales atacan a campo abierto.
Para evitar ese naufragio recurrente, Óscar Villegas decidió intervenir de raíz. Dejó afuera de la convocatoria al histórico nueve de área, ignoró las críticas mediáticas por la falta de referentes clásicos y se llevó al plantel a un microciclo de entrenamiento en Monterrey. Busca fabricar un estilo de juego que no dependa del oxígeno. Al jugar sin un delantero centro estático, la salida limpia desde el fondo depende de la lectura de Carlos Lampe bajo los tres palos y del empuje físico de Luis Haquín para ganar los rebotes.
Sobre esa base, Roberto Carlos Fernández tiene la orden de taladrar la banda izquierda mediante piques constantes para ensanchar la cancha y ofrecerle un pase seguro a Vaca.
La dirigencia blindó la logística de los viajes para evitar los clásicos enredos de escritorio y las demoras en los aeropuertos. El público aguarda con recelo para comprobar si este bloque joven puede sostener la intensidad lejos de su cordillera. Quienes los enfrenten en la máxima cita se toparán con un plantel que ya no quiere sobrevivir colgado del travesaño. Verán a once jugadores dispuestos a morder en bloque, cuidar la posesión en espacios reducidos y demostrar que conservan la lucidez táctica cuando bajan al nivel del mar.